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NOVELA: CARAS PINTADAS EN EL CENTRO CEREMONIOSO (Extracto)

 

CARAS PINTADAS

EN EL

CENTRO CEREMONIOSO

Por: JORGE MESÍA HIDALGO

Dedicatoria: A la inquebrantable labor del Profesor Rubén López Hidalgo,

Investigador Amazónico, por descubrir los velos de la

Cultura Amazónica Sanmartinense.

 

Aquel sábado 20 de junio la ciudad amaneció con una lluvia de regular intensidad y, según informativos radiales, fue igual en casi toda la zona de San Martín. Empecé a tener un sentimiento de preocupación, ya que no cumpliría con la promesa hecha al Profesor Rubén, pero por otro lado, asomaba en mí un sentimiento de tranquilidad, ya que al otro día, precisamente el día Domingo 21 se celebraba el Día del Padre, y me quedaría en casa para recibir visitas y llamadas telefónicas saludándome por tan honroso día. Con el peso de estos sentimientos encontrados, llamé al Profesor Rubén, a media mañana, cuando la lluvia había amainado un poco. Grande fue mi sorpresa cuando el profesor me informó que en la ciudad de Lamas había llovido poquísimo y a esa hora estaba a punto de asomar el sol. Me alegré muchísimo y salí al patio trasero de casa a “soplar al cielo” en un intento de que la lluvia cejara por completo, tal como me lo habían enseñado mis padres y abuelos basados en creencias antiguas. Y, ¿qué creen que ocurrió?, pues nada más y nada menos, al cabo de diez minutos, la persistente llovizna que caía sobre la ciudad de Tarapoto, cejó completamente, dejando un cielo bastante despejado e invitándome a emprender el dichoso viaje. Más tarde, estando en Lamas, el Profesor Rubén me confesaría que, a la hora de mi llamada, la lluvia era torrencial en la Ciudad de los Tres Pisos, calmando completamente después del medio día.

—Hermano, fue una pequeña mentira de mi parte, para que te animaras a venir, —me dijo, dándome un abrazo fraterno.

Más tarde, promediando las cuatro de la tarde, de aquel sábado 20 de junio, hacía mi ingreso a la ciudad de Lamas. Debo confesarles, quizás porque soy natural de tan bella ciudad, que para mí es un placer llegar a ella. Para empezar, desde antes de ver su agraciada geografía, desde la entrada por el Barrio Zaragoza, es un placer sentir su fresco y por ratos frio clima, ver hermosos paisajes en todas las direcciones que orientes los ojos, el majestuoso río Mayo y la impresionante y populosa ciudad de Tarapoto. Luego, avanzando por la carretera, ver el hermoso Barrio de Zaragoza y a un costado el Barrio Suchiche que conforman el primer piso natural de la “Ciudad de la Santísima Cruz de los Motilones” como la llamó su fundador el español Don Martín de la Riva y Herrera. Adentrándose en la ciudad, siempre en pendiente, hasta las proximidades de la Plaza de Armas, empieza la zona plana, denominándose esta parte como el segundo piso. Unas dos o tres cuadras más allá, siguiendo la principal calle de la ciudad empieza la otra pendiente, dando inicio al tercer piso, culminando en la cumbre del cerro donde se encuentra ubicada esta bella ciudad. La casa, pequeña pero acogedora, del Profesor Rubén se encuentra prácticamente en el segundo piso. Me sorprendió gratamente encontrar, en la residencia del Profesor Rubén un buen número de personas, en su mayoría jóvenes, todos entusiastas, que preparaban papelotes escribiendo mensajes de agradecimiento a la naturaleza, al sol, la tierra y toda expresión del medio ambiente, tan sano y puro, aún, en esta parte de la Amazonía Peruana. Son pocos los jóvenes que me reconocieron al ingresar al interior de la residencia, podría decir, incluso, que ninguno de ellos sabía de mi relación familiar con Rubén López, es más, estoy seguro que todos me tomaron como un curioso más que acompañaría a la delegación en expedición de visita al Centro Ceremonioso.

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